La miopía no solo implica necesitar una mayor graduación. Durante la infancia y adolescencia, puede aumentar conforme el ojo continúa desarrollándose.
El manejo de la miopía tiene como objetivo reducir su velocidad de progresión y vigilar los cambios que pueden presentarse en el crecimiento ocular. Para ello existen diferentes alternativas, como lentes oftálmicos especializados, lentes de contacto, ortoqueratología y tratamientos farmacológicos, además de recomendaciones sobre hábitos visuales.
La estrategia se determina de acuerdo con la edad, graduación, evolución de la miopía y características de cada paciente.
Los lentes oftálmicos para el manejo de la miopía incorporan diseños ópticos diferentes a los de un lente convencional. Además de proporcionar la corrección necesaria para ver con claridad, cuentan con zonas ópticas destinadas a generar un desenfoque específico que puede ayudar a disminuir la velocidad con la que progresa la miopía. Son una alternativa especialmente práctica para niños y adolescentes que utilizan armazón y requieren una solución que pueda integrarse fácilmente a su vida diaria.
Existen lentes de contacto blandos diseñados específicamente para el manejo de la miopía, con una distribución óptica diferente a la de un lente de contacto convencional. Su diseño busca proporcionar una visión funcional mientras genera un estímulo óptico que puede contribuir a reducir la progresión de la miopía. Pueden ser una alternativa para niños y adolescentes que tienen la capacidad y las condiciones necesarias para utilizar y cuidar correctamente sus lentes de contacto.
La ortoqueratología utiliza lentes de contacto rígidos especialmente diseñados para utilizarse durante el sueño. Mientras el paciente duerme, el lente modifica temporalmente la forma de la superficie corneal, permitiendo obtener una visión funcional durante el día sin utilizar lentes de contacto ni armazón. Además de proporcionar libertad durante las actividades diurnas, la Orto-K puede formar parte de una estrategia para disminuir la progresión de la miopía en pacientes seleccionados, siendo esta la adapatació con el mayor control de la miopía.
La atropina en bajas concentraciones es una alternativa farmacológica utilizada en algunos pacientes para disminuir la velocidad de progresión de la miopía. Su utilización requiere valoración y seguimiento médico, ya que la concentración y la forma de tratamiento deben determinarse de acuerdo con las características y evolución de cada paciente. En determinados casos puede considerarse como parte de un manejo combinado con una estrategia óptica.
El control de la miopía no siempre tiene que depender de una sola alternativa. En pacientes con mayor riesgo de progresión o cuando la evolución lo requiere, pueden considerarse diferentes estrategias de manera conjunta, como Orto-K y atropina o una solución óptica acompañada de tratamiento farmacológico. La decisión debe basarse en la edad, graduación, evolución de la miopía, características oculares y respuesta al tratamiento.